No todo el haiku es haiku


Se ha creído a menudo que el haiku es una composición sencilla, fácil de escribir: sólo tres versos y diecisiete sílabas. Lo difícil no es elaborar una estructura de estas características, sino que sea un haiku lo escrito.

Y es que muchos poetas no han percibido el trasfondo, la esencia d esta composición, y se han lanzado sin más a componer centenares de “haikus” como un medio exótico para ampliar sus ventas de libros. Porque el haiku, quizá desde el año 2001, está de moda en medio mundo.

Se ha maltratado al haiku hasta límites desconocidos. Muchos, cuando empezamos a conocerlo, también fuimos responsables debido al hallazgo de libros como “Rincón de haikus”, de Benedetti, que seguimos por la reputación del poeta. Además, era por entonces un libro muy fácil de conseguir.

Tanto en su web como por medio de la editorial Visor, Benedetti escribió más de 200 haikus en una primera tirada, y más de 300 en la edición renovada: “Nuevo rincón de haikus” en 2008.

Así que se vertió, en América y España especialmente, una versión distorsionada y alterada del haiku. Se utilizó como pretexto para exponer las ideas propias, lo cual es común en el egocentrismo de nuestra poesía, en la cual sólo escribimos para nosotros como terapia.

Sin embargo, el haiku japonés te pide la extinción de la vanidad, la huida del ego y la ausencia del haijin o escritor en la escena. Nada de creaciones humanas como las figuras literarias (salvo onomatopeyas y aliteraciones), nada de palabras complejas y abstractas, nada de proselitismo, ideologías, dogmas, sentencias, filosofía y valores morales.

Un referente en la poesía mundial como Benedetti generó un duro golpe al haiku con sus invenciones, dado el número de lectores y la influencia que ha tenido.

Vicente Haya, el mejor niponólogo de nuestro país, ha reconocido como una necesidad de muchos escritores conocidos e influyentes, escribir un libro de haikus (bien por moda o por interés económico), y lo ha llamado precisamente “síndrome Benedetti”. Veamos los 5 primeros “haikus” de su libro.

1 ·
si en el crepúsculo
el sol era memoria
ya no me acuerdo

Introducción de uno mismo en el poema para hablar de ideas, pensamientos, creencias propias. Metáforas como “el sol era memoria”, hipérbaton innecesario que complica el poema. ¿Puede entender esto un niño? ¿Está dicho con palabras naturales, sencillas? Claramente, no.


2 ·
la muerte invade
de vez en cuando el sueño
y hace sus cálculos

El poeta en el haiku presencia un suceso ocurrido en un entorno natural. Aquí no hay suceso, ni aware o emoción. Es una haiku filosófico, pura reflexión en vez de imagen. De nuevo el poeta habla de sí mismo.


3 ·
los pies de lluvia
nos devuelven el frío
de la desdicha

Metáfora al comienzo y al final. ¿Qué es el frío de la desdicha? Nadie puede recrear la escena, es abstracta, impersonal, fuera de la naturaleza no hay haiku, sino una construcción de nuestra mente, como este ejemplo.


4 ·
por si las moscas
hay profetas que callan
su profecía

Benedetti insiste en este mundo interior de la ideología. Las moscas no son el insecto en sí, sino una frase hecha que las neutraliza como ser vivo. No hay kigo, palabra estacional, no hay pausa poética o kireji, no hay escena o imagen.


5 ·
inverno inverno
el inverno me gusta
si hace calor

Opinión personal, sentimiento que no aporta nada a la escena. Curiosamente, de todos los anteriores es el menos lejano al haiku japonés, en concreto al modo budista de “Issa”, cuyos poemas se hallan al límite y muchas veces son considerados como “heterodoxos” o excepcionales porque introduce la subjetividad y las opiniones propias.

No obstante, en este caso de Benedetti no puede llamarse “haiku”, no nos situamos en la escena y en algo concreto.


Hay más ejemplos de Borges, por ejemplo, que señalaremos en otra ocasión. Si alguien quiere un buen manual sobre qué no es un haiku, sin duda debe comprarse “Rincón de haikus” o “Nuevo rincón de haikus” de Benedetti (un poeta de primer nivel, único y necesario, que patinó en esta composición japonesa ante el desconocimiento de sus claves internas).

  • Autor: Jaime Lorente
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