¿Cuánto quieres por acostarte conmigo?


Hemos de reconocer que nos ha costado mucho decidirnos a hablaros de este delicado tema.

Hoy en día, con esta dictadura de lo políticamente correcto, uno ya no sabe qué contenidos no debe tocar por miedo a que determinados grupúsculos de personas puedan sentirse ofendidos.

Finalmente, hemos decidido abordarlo por diferentes motivos:

  • El primero de ellos es porque ya se publicaron noticias en periódicos japoneses sobre incidentes parecidos, por lo que aquí no entra en juego nuestra inventiva.
  • Y el segundo es porque lo hemos vivido en nuestras propias carnes.

Queremos dejar claro desde nuestras primeras palabras que, en ningún momento, vamos a generalizar con este tema, pero lo vivido nos obliga a hacernos eco mediante este blog, para así no condenar al olvido una serie de hechos, cuanto menos, vergonzantes.

Una colegiala japonesa en Tokyo. Fotografía sacada de un reportaje de John Gillespie/CC
Una colegiala japonesa en Tokyo. Fotografía sacada de un reportaje de John Gillespie/CC

Ya se ha escrito mucho, desgraciadamente, en los últimos años sobre noticias acerca de muchachas, menores de edad, que aceptan dinero de hombres maduros para pasar un rato con ellos; o también sobre cómo hombres ofrecen dinero en la calle a mujeres cualesquiera, con el propósito de pasar una noche con ellos.

Aunque ha cambiado mucho el panorama en estos últimos años, Japón sigue siendo un país donde el machismo tiene su lugar.

Aquí os dejamos un enlace a una noticia del año 2015 que, creemos, os ilustrará un poco sobre estos temas, antes de proceder a nuestra vivencia.

Un hecho preocupante: Mi dinero por tu sexo

Con el permiso de mis compañeros articulistas de infojapan y todos vosotros, me gustaría pasar a hablar en primera persona

¿El motivo? Fui el único de los integrantes de este blog que tuvo que vivir, lamentablemente, una situación que muchos estaréis adivinando y que paso a relatar.

No especificaré en qué ciudad o pueblo, ni daré ningún nombre para salvaguardar el máximo anonimato posible de los participantes en tan ignominia situación.

Un día cualquiera, quizá como el de hoy, me disponía a ir a la estación en la que había quedado con una amiga extranjera (no japonesa), para pasar el día. Cuál fue mi sorpresa que al verla esperándome, la encontré con la cara algo desencajada.

Tras preguntarle lo que le pasaba, me confesó que un rollizo señor vestido con un traje elegante, la abordó en la propia estación, eso sí de maneras muy educadas, preguntándole en un horrible inglés acerca de su nacionalidad.

Mi amiga, creyendo que ésta era no más que otras de esas situaciones en las que algún japonés, quizá por curiosidad o por poder relacionarse con extranjeros, comienza a hablarte, siguió conversando de manera muy educada.

Sin embargo y como ella me especificó, aquel diálogo fue tornando hacia algo que no quería imaginar. Después de una breve conversación de aproximadamente dos o tres minutos, y viendo que mi amiga podía mantener una conversación en un correcto japonés, el protagonista de la historia cambió su horrible inglés por su lengua materna.

No sin antes verificar la falta de público en las inmediaciones que pudieran resultar como testigos ante tal despropósito, el tan buen aparente hombre le ofreció dinero a cambio de quedar con él

Ella, sorprendida y extrañada ante tal proposición, prefirió la negativa acompañada de una sonrisa amable, y abandonó la incómoda situación dándose la vuelta.

Fue en ese momento cuando el hombre trajeado, portando el dinero en su mano, siguió unos pasos a mi amiga para acabar ofreciendole una cantidad mayor por, sin tapujos, acostarse con él.

Incrédula ante una experiencia más propia de una leyenda urbana, se zafó como pudo para alejarse unos metros, desde donde pudo ver cómo el hombre de mediana edad, con la cartera ya enfundada, subía al transporte como si nada hubiera pasado.

Minutos después, llegué yo y me puso en situación ante lo ocurrido, anécdota que hoy compartimos con vosotros. Y aunque se lo tomó con mucho humor, reconoció sentirse asustada ante el abordaje con una propuesta tan indecente como directa.

Tras relatar lo sucedido, hago de nuevo hincapié de que no pretendo generalizar ante esta situación, si no compartir lo que es claramente un caso aislado.

Por fortuna y habiendo visitado un gran número de lugar a lo largo y ancho del país, no hemos tenido que ser testigos de una situación similar.

Constato, sin ninguna duda, de que Japón es uno de los países más seguros del mundo, y que cualquier persona, sea hombre o mujer, puede viajar libremente por toda su geografía sin miedo a que le ocurra nada.

Pero, como bien especificó la prensa en estos últimos años, no se puede negar la existencia de este tipo de casos execrables que, aunque totalmente aislados y sin ninguna conexión, ocurren.

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