5 Comidas japonesas para los más atrevidos


Si estás leyendo este artículo es porque te interesa la comida japonesa.

Dando por supuesto que ya conocéis los manjares divinos que ofrece este este magnífico país, vamos a pasar a recomendaros cinco que harán que tus papilas gustativas bailen por toda tu boca.

Preparaos para estas propuestas gastronómicas poco conocidas y, avisamos, NO aptas para todos los paladares.

Erizo de mar crudo (海胆, uni): puro sabor a mar

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Carne del erizo de mar servida. Fuente http://old.men2qing.com/

Lo podréis encontrar en algunas tabernas típicas llamadas “izakayas”, aunque normalmente se ofrece en locales especializados en pescados. El aspecto: poco atractivo; el sabor: una bomba de yodo marino maravillosa en tu boca. Una buena ración de este animal totalmente cruda, hará que te replantees hasta tu nacionalidad, querrás quedarte en el país para poder comerlo a diario.

Creemos que los amantes del marisco y los sabores fuertes serán los que más lo aprecien.

Debemos reconocer la sopresa al probarlo la primera vez, pues al introducirlo en la boca nos recordó totalmente al medicamento “Betadine” debido a su alta concentración de yodo.

Quizá el segundo menos apto para todos los paladares de los cinco que os ofrecemos. Dadle una oportunidad si visitáis el país. O lo odias, o lo amas.

Fugu (河豚): sabor y riesgo en un sólo bocado

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Ración de pescado fugu en un restaurante. Fuente http://www.oishiimati-oita.jp/

Seguramente uno de los pescados más famosos de Japón fuera de sus fronteras, y no precisamente por ser el más consumido por turistas.

Ya os avisamos: no es barato. Aún así, creemos que, si vuestro presupuesto se lo puede permitir, deberíais probarlo una vez en la vida.

Para poder comer este pescado deberéis ir a locales especializados. Normalmente se suele tomar crudo, servido en sashimi (cortado en láminas my finas, casi translúcidas), formando todo el conjunto una flor de crisantemo.

Aunque el veneno de este simpático animal ya se ha llevado en los últimos años la vida de algunos comensales (hasta la de un famoso actor de kabuki), podéis estar totalmente tranquilos.

Hoy en día, se necesita un carné especial, y años de estudio y preparación, para poder manipularlo y cocinarlo; así que perded el miedo.

¿El sabor?, quizá éste sea su punto débil: para su precio y “riesgo”, aunque es muy sabroso, no destaca como lo hacen otros pescados más baratos; de hecho, normalmente es servido con un acompañamiento en forma de “salsa” para realzar su sabor. También se puede tomar rebozado (karage), y cocido junto con verduras y setas (nabe).

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Ración de fugu rebozado. Fuente http://www.mita-yamadaya.co.jp/

Nuestra recomendación es que, si podéis, lo probéis; seguro que os gustará. Pero si vuestro presupuesto no alcanza, existen otras ofertas mucho más baratas y sabrosas como, por ejemplo, el maguro (atún).

Anguila ahumada (, unagi): un clásico gastronómico

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Ración de anguila ahumada sobre un bol de arroz blanco. Fuente http://tabelog.com/

Sin duda alguna, ésta es una opción que atraerá a la mayor parte de los lectores. La anguila es un pescado ultra famoso en el país. Lo podréis encontrar en muchos locales, servido junto con un bol de arroz o en forma de sushi.

Su textura es suave, se deshace en la boca, y el sabor es totalmente inesperado para un pescado. La primera vez que lo probamos en una reconocida cadena de restaurantes, quedamos totalmente encantados.

No importa si os encontráis en una gran ciudad o en un pequeño pueblo apartado de la mano de Dios, es casi seguro que habrá un local donde se ofrezca este suculento manjar.

Sus puntos fuertes: barato e inesperadamente sabroso. ¿Algún punto débil?, pues quizá no sea apto para todos aquéllos que no les guste el pescado.

Empiezan las curvas, preparaos para acabar con dos platos típicos poco o nada aptos para paladares inexpertos:

Semillas de soja fermentada (納豆, nattou): se requiere entrenamiento

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Detalle de las semillas fermentadas. No apto para todos los públicos. Fuente http://www.tenki.jp/

El “nattou” es una comida que se toma en cualquier parte del país y famosa por no ser del agrado de la mayoría de extranjeros que la prueban.

Se compone de semillas de soja, que pasan por un proceso de fermentación que las vuelve suaves al paladar; sin embargo, su sabor es la característica más importante.

Intentar describirlo es algo que se nos escapa completamente pero, digamos, que no es demasiado amable con tus papilas gustativas.

Debemos reconocer que no es santo de nuestra devoción pero, como ocurría con el caso del erizo crudo: o lo odias o lo amas. La mayoría de extranjeros que hemos podido conocer, y que lo han probado, nos han expresado su absoluto rechazo; incluso la mayoría de niños japoneses le tienen declarada la guerra.

Cuando se les pregunta si les gusta, la mayoría suelen declarar: KUSAI (asqueroso). Sin embargo, al mismo tiempo, conocemos algún alma descarriada, quizá un justo en Sodoma, que lo toma hasta para desayunar.

Su precio es baratísimo y lo podéis encontrar en cualquier supermercado. Os invitamos a que lo probéis, una experiencia que os introducirá de lleno en los sabores típicos del país.

Saltamontes en su salsa (蝗佃煮, inago tsukudani): inesperado sabor

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Ración de este “manjar” en una taberna perdida por Japón. Fuente http://bussan-tendo.gr.jp/

Llegamos al nivel más alto de todos. A la mazmorra del jefe final, si me permitís hacer el símil “videojuegil”. Mucha gente cree que tan sólo en países como Tailandia, China (qué sorpresa) o Korea del Sur, se comen a diestro y siniestro insectos fritos y rebozados en salsas que no imaginaríais.

Sin embargo, Japón no se queda al margen y, aunque no es demasiado conocido, en algunas prefecturas, los saltamontes o langostas son un preciado alimento que se lleva consumiendo desde hace muchos años.

El “inago tsukudani” es quizá su receta más famosa y, por supuesto, la hemos probado. Su aspecto es tal como se espera: decenas de insectos fritos, en los que resalta un glaseado color negro o marrón oscuro producto de la salsa que lo acompaña. Sin embargo, cuando se introduce en la boca, la sensación cambia totalmente.

La dichosa salsa le da al pequeño animal un sabor entre dulce y salado muy sorprendente. Debemos reconocer que tras probar uno, no pudimos parar de comerlos, ese glaseado maravilloso era tan sabroso que, al poco, como si de palomitas de caramelo se tratasen, los devoramos casi sin pestañear.

Por otro lado, cabe destacar que no es fácil encontrar este plato por todo el país, deberás viajar a zonas muy determinadas para poder adquirirlos.

Su punto fuerte: un sabor totalmente inesperado. Su punto débil: horas después de comerlos, todavía puedes encontrar “partes” entre tus dientes.

Nuestra recomendación es que, si tus pasos en el camino te acaban atrayendo hacia alguna zona donde se ofrezcan, no lo dudes y atrévete.

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